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La gaseosa efervescencia del CO2,

el exceso de frecuentación en determinadas cavernas subacuáticas

y el diseño de concentrado floculante líquido para aguas dulces y salinas

 

Unas cuestiones previas. Como en condiciones normales, a poco menos de 25ºC.  y a una atmósfera de presión a nivel del mar, el Dióxido de Carbono (CO2) en su estado gaseoso es soluble en el agua en proporción de 1,45 Kg/m3. en la superficie de la tierra y hallándose ordinariamente algo por encima del 0,04 % (400 ppm.) en volumen, todo incremento de esos valores va en detrimento de la calidad respiratoria de las personas; afectando también el equilibrio óptimo del pH. del agua, acidificándola y disminuyendo el componente carbonático. Si además sigue aumentando la temperatura y la densidad del CO2, las aguas quietas se saturan del gas y dejan de absorberlo. Éste se manifiesta así mayormente en los espacios subterráneos disolviendo el interior del reducto calcáreo, precipitando los detritos en forma de finos coloides rojizos y blancos cristales calcíticos.

Del incesante proceso  se sabe que está en función de los ciclos climáticos, los eventos metereológicos, los accidentes orográficos en el paraje y los cambios en la hidrografía, interaccionando con los mecanismo hipogénicos a su vez consecuencia derivada de circunstancias estructurales, propiedades litológicas e inercias tectomecánicas no cerradas en sí mismas sino sujetas a particularidades relativamente reversibles. Por consiguiente, al ser los ámbitos subterráneos de características muy diversas no se dan modelos perfectos en su geometría interna, ni tampoco en las otras realidades físicas. Constatación obligando al espeleólogo que se adentra en el subsuelo a operar sobre presupuestos teóricos aproximativos en permanente estado de revisión y que, en muchos aspectos, le abocan a ir improvisando sobre la marcha.

 

Los canales de evacuación del CO2. En el litoral marino balear, las mareas se mueven tierra adentro con el horizonte del manto freático en función de las oscilaciones cíclicas de la pleamar y la bajamar, siguiendo las discontinuidades del profundo paleorrelieve margoso pretortoniense en su caso, en otros a través de canchales y balastral remanente de los mares regresivos y en los demás a través de roturas de las placas geológicas de los estratos. Dichas fluctuaciones marinas representan, con los reflujos, la transferencia de las aguas pluviales hacia el mar y con ellas la enriquecida carga de CO2 forzadamente disuelta en los conductos subacuáticos. Con la subida del nivel de las riadas pluviales el gas carbónico es retenido en las cúpulas y porosidades del subterráneo, acabando disuelto en el caudal emisivo; cuando no es solidificado en calidad de formaciones calcíticas.

En condiciones normales el proceso natural suelta el excedente de CO2 por diversas vías, sean aéreas, subacuáticas o potenciando los ciclos de las transformaciones cristalográficas. Cuando la inundación se alza por encima de las cotas habituales en las lagunas subterráneas, ese horizonte comprime  el CO2 apresado en las cúpulas y demás reductos cerrados, posiblemente hasta varias atmósfera de presión, según el caso de la fluctuación del nivel en cada embolsada de aire, la velocidad del fenómeno inundatorio y los otros parámetros de rigor. En el rango micromareal del mar balear con valores intrínsicos muy menores, pero comportando un ritmo asincrónico entre la fluctuación marina y el movimiento lagunar interno. Fenómeno todavía escasamente estudiado por los espeleobuceadores. Sí pudiendo estimarse que el flujo de pleamar provoca la oscilación del agua dulce flotante sobre la salada, con capacidad de generar determinados fenómenos espeleotemáticos, siempre debidos al agua dulce y su carga de CO2 implícita. Estas haloclinas son susceptibles de provocar incrustaciones calcíticas subacuáticas en las capas más cálidas y contrariamente escaseando las de aragonito; en las frías profundidades del fondo favoreciendo el CO2 contenido en estas corrientes la corrosión destructiva de las bellas formaciones. Aspecto esencialmente diferente al de la reconformación excavatoria de los espacios subterráneos pero con resultados similares en la producción de detritos coloidales.

 

En las expresadas condiciones, la concentración de CO2 no solamente tiende a perforar la cúpula en su cenit, siguiendo discontinuidades diaclásicas o de cualquier otro tipo, sino a poner en grave peligro al espeleobuceador en exceso confiado en aprovechar el aire retenido en las cámaras altas del complejo. Ahí convergen las burbujas de CO2 expulsadas por los equipos de buceo autónomo durante la espiración, envenenando cada vez más el contaminado aire y restante en el reducto, en ocasiones hasta el punto de hacer el sitio irrespirable. Cámaras donde el "efecto gaseosa" llega a apreciarse a simple vista, cuando las efervescentes microburbujas de CO2 saltan en caótica frenética danza, hasta cuanto menos unos 40 centímetros de altura sobre el espejo de agua. Aunque no siempre el fenómeno se muestra patente, debido a producirse la evacuación del gas a través del poroso contenedor calcáreo (lumaquelas, areniscas menos densas, aglomerados brechoides, leptoclasas, etc.), las grietas del techo o los francos conductos de ventilación. No obstante, esos impactos de burbujas de CO2 contra las rocas del reducto subterráneo son los primeros causantes de la disolución carbonática, de donde se desprende esa especie de minúsculo  afrecho lítico que se deposita, a veces en cantidades ingentes, en el fondo hipogeico; causa última de los graves problemas de visibilidad a que se enfrentan los espeleobuceadores más punteros, sea debido a blancas nubes de microcristales de calcita, de "Leche de Luna", fangosos enturbamientos rojizos derivados de la carsificación o bien causados por la remoción de las acumulaciones margosas existentes en determinadas bajuras lagunares.

 

 El plus del fatal almacenaje antropogénico de CO2. Está acreditado el brusco incremento del Dióxido de Carbono en los ámbitos subterráneos y en los subacuáticos donde se prolongaron recientes incursiones de personas, en aquellos lugares afectados de insuficiente  ventilación natural. Problema que aconseja espaciar prudentemente las incursiones en estos singulares receptáculos o en concretas zonas internas de los mismos, controlando mejor con mínimas permanencias y un uso más estricto del contenido de las tradicionales botellas de aire, mientras sigan utilizándose y el avance de los conocimientos tecnológicos permitan desecharlas por completo, generalizando los sistemas reguladores del reciclaje de la mezcla de gases respirables que ya se emplean y cuyos ingenios retienen el CO2 en adecuado recipiente solidificador, sin permitir que se suelte y se diluya en el medio ambiente. Mientras tanto, el riesgo asumible seguirá rozando la frontera de la fatalidad. Especialmente en el incursionismo masivo de carácter turístico, demasiado proclive a los protocolos monitorizados estándar enseñados en las escuelas iniciáticas de pago para ampliar el proselitismo clientelista. Latencia no tan grave en los trayectos exploratorios, aunque al forzarse la competencia deportiva entre grupos societarios adversos el temible peligro de grave accidente puede llegar a cobrarse su cupo de víctimas.

 

 Diseño de floculantes concentrados inocuos. Existen en los mercados dedicados a la depuración de agua productos, procedimientos o métodos útiles para dejarla en óptimas condiciones de uso, sin perjudicar la salud de las personas. El tratamiento químico de piscinas de agua salada, salobre, salidificada y dulce, así como la potalizable y la reciclable es un hecho. En uno de los procesos implicados destaca el de la floculación del líquido, a fin de clarificarlo y hacer caer al fondo del depósito las turbias materias en suspensión, mediando admisible tiempo prudencial y sin contaminar con trazas químicas indeseables el agua objeto de tratamiento.

Para que un floculante sea efectivo, las partículas coloidales en suspensión tenderán a coagularse y su aglutinación facilita que la decantación las precipite y acabe manteniéndolas en el fondo recipientario. El principio se basa en dos sales combinadas de forma definida, induciendo un efecto electromagnético a nivel molecular, provocando el enlace iónico de las partículas y se atraigan entre sí, posibilitando la formación de aglutinados cada vez mayores y más pesados, hasta acabar por hundirse. La utilización del recurso en espeleobuceo requiere conocer la dirección del flujo horizontal en la corriente (velocidad, volumen aproximado del líquido a tratar, características esenciales de salinidad, pH, temperatura, etc.) y el efecto-forma estimable en la topografía del subterráneo donde debe ser distribuida la solución floculante. En aguas dulces considerando el nivel adecuado del cloro y en las salinas induciendo químicamente su sintetización; en la industria conseguida mediante electrólisis y en todo caso producto que acaba descomponiéndose y vuelve a la sal.

El transporte al punto de eyaculación de la carga combinada floculante obligaría a mantenerla en recipiente hermético, del mínimo volumen aconsejable y el menor peso posible. En su forma fluida, la sustancia se mantendría cuanto mínimo por encima de una atmósfera de presión interna, conservada en especie de botella similar a la utilizada por los buceadores. Como habitual recurso puntual de seguridad exploratoria, podría emplearse de forma parecida a la de los aerosoles o esprais domésticos. Con todo, la mejor aplicación sería la de que nadie se vea obligado a emplearla nunca; manteniendo las exigencias del protocolo de garantía autónoma personal extrema a salvo de cualquier temible eventualidad.

Pollença, siete de mayo de 2017

J. A. Encinas S.

 jaencinas.ccmallorca@gmail.com