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La tolva cataclástica de "Ses Puces"

Sin duda, en algún momento la sala de acceso a esta concreta caverna estaría infestada por las insidiosas pulgas, insectos de la especie Pulex irritans. Porque entre los abundantes restos óseos de animales muertos arrojados inmemorialmente dentro se encuentra los de cerdos y de cánidos, sufridores habituales de la plaga. Pero el apelativo más bien parece obedecer a moderna adaptación del topónimo original, en su forma arcaizante de Ses Puicies; las parcelas o bancales agropecuarios correspondientes al predio de Son Puig. En el mapa del cardenal A. Despuig (año 1784) Son Puig del Llorer (sic.) y probablemente término acomodado a su sentido previo de altozano del reguero torrencial de la planura cultivable que atraviesa; en calidad de orillal de so puig, no de indeterminado ejemplar arbóreo de Laurus nobilis en cuanto laurel.

En la leyenda germánica de la bella diosa, Lorelay induce a la fatalidad de los que se atreven a pasar por el sitio: inmanente estratégica roca sobre el río Rhin, donde los anglosajones romanizados quizá acabaron viendo el mito griego del Hércules atado al palo mayor de su nave para evitar los encantos de las sirenas y naufragar en los cenagales del amor. No sabemos bien porqué ese hilo conductor recuerda al propio de la Sibila Cumana (ver ficha de la Cova de Can Pere Antoni, Bin. C.01, en J. A. Encinas, 2016: CCM, www.ccmallorca.net/ Informes, PDF); la profetisa que presidía las hecatombes funerarias. También en las cuevas crematorias mallorquinas, como esta en concreto de Ses Puicies (Val. P.05 Cova de ses Puces, ED-50, 31: 469780 4391725 155 GEL/GNM 01/02/04/05 IV Cáld); según acreditan los restos arqueológicos clandestinamente removidos por prospectores poco sensibles al contenido cultural de tan significativos lugares, sagrados para la gente del remoto pasado.

Las cremaciones humanas practicadas en la sala vestibular del interior se sobreponen al parecer a un uso habitacional previo, cuanto menos desde inicios del Bronce medio balear. Todo cubierto por gruesos sedimentos de estiércol animal y algún contenido de las habituales cerámicas protohistóricas, romanas, de época islámica y aún posteriores. Con evidencias indiciarias de discontinua frecuentación a lo largo de muchos siglos; conforme se deduce de los plásticos que cubren los expolios, tapados con tierra por los excavadores con el fin de ocultar el yacimiento.


     Al colonizar los agricultores la plana pradera de delante, utilizarían los abonos orgánicos acumulados en la cueva por el ganado; prácticamente limpiándola del grueso de restos aqueológicos. No así de los materiales precipitados entre las piedras hacia el inquietante abismo que se encuentra directamente debajo. Por donde el gran embudo de la tolva cataclástica dispersó su contenido, entre enormes piedras y recovecos. Todo cayendo desde la sala de arriba y en parte cubierto por el barro rojizo de las aguas que en ocasiones inundan el fondo.


     Incidencias inundatorias relacionables con el invernal manto freático del cercano torrente de afuera, discurrente en la cota de los 130 metros de altitud. Es decir, con la boca de la gruta situada a los 155 y por consiguiente profundizando 40 de desnivel, de los cuales 25 resultan limpiamente por debajo del lecho torrencial. No lejos de unas catas canteriles destinadas en su día a extraer sillares de las compactas rocas del Lias inferior; explotaciones afortunadamente abandonadas y que habrían supuesto la destrucción de la vecina caverna, al acabar por conectar con el extremo occidental de la misma. Quizá también pretendiendo llegar a los estratos geológicos de sulfatos del Keuper y donde pudo producirse la fallada subsidencia causa de la generación del subterráneo inicial; cuando la encajada cuenca aún no estaba demasiado cubierta por los masivos arrastres aluvionales, el escarpe de ladera resultaría aquí pronunciado y las margas y evaporitas del sustrato perdían masa de agua.


     De otra forma el flanco cubriente de la potente brecha producida se habría caído hacia la contrapuesta ladera oriental de la montaña, deslizándose sobre el plano de buzamiento; o bien generando póstumo efecto distensivo de todo el paquete liásico, capaz de crear el vacío interno. Supuesto no acreditable por la disposición del complementario flanco durmiente del eje estructural N-S, abundante en catastróficos desgajes clásticos cenitales y leve vuelque hacia la ladera occidental, con la boca de la cueva mirando hacia el caserío de Son Puig y al menos dos primitivos sumideros más en el techo del acceso.

Los datos espeleométricos, resultado de las recientes exploraciones, arrojan de momento 40 metros de desnivel, 75 de longitud N-S por 50 de anchura máxima, siendo el recorrido en planta proyectada de 550, y contando con una veintena de espacios relativamente diferenciados; en entidad unitaria compartimentada por los desprendimientos naturales, las formaciones calcíticas y los arrastres pluviales.


     Es nicho ecológico de un par de especies de quirópteros, donde se encuentran algunas recónditas parideras. No lejos, durante los días ocupados en las labores topográficas, se observaron varios ejemplares micélicos del tipo Plasmodium, o asimilable, conformando la típica espectacular Red de Horting, aquí en estado embrionario, sin la eclosión floral de la imagen en su momento obtenida de la Cova de sa Germanería (Cal. G.01).

En cuanto a la función del antro en los momentos de las fases iniciales del establecimiento poblacional en el territorio insular, es necesario considerar que el paso por S’Estret de Valldemossa fue una de las vías principales de comunicación entre las serranías de la tramontana, las atochas de la planura de Palma y la comarca de Llucmajor. En este sentido, del vecino predio de Maixella pudo segregarse el de Son Puig del Llorer y acaso el del confrontante Son Pacs; ya que la acomodación al catalán tiene en andalusí traducción de pradería del atochal (F. Corriente, 1999), en el Glosario de Leiden precisamente transcrito como carex (carrizal, vernáculo càrritx); aunque en el árabe clásico se transmitió sobre la base de másҁála (Camp Saletes se encuentra al otro lado de la carretera de Valldemossa; más-salia, pradería plana del arroyal, solería aluvional, laurencia?) y esto conlleva el castellano ‘al-mazara’ con almássera y al-massaia en principio descriptor de plantación de olivar, después molino de aceite (como en el al-màssaia del catalán antiguo), massaeia, maixella/meixella y las otras variantes derivadas de interpretaciones diversas, más recientes pero no siempre mejor ajustadas al origen. Salar es extender fluida lechada sobre el suelo, en su aspecto de enrase aluvional, extendido a tus pies, como en el salama del saludo religioso musulmán.

                                                                                                                                                                                        J. A. Encinas, 2017

El "Corpus cavernario mayoricense",

de venta en principales librerías de Mallorca (P.V. P. 60 euros), Internet, El Gall Editor  o bien mediante petición directa a:

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