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Avenc des Nus o cueva del enigma "Queloies"

localizada veinte años después,       según J. A. Encinas S.

En el "Corpus cavernario mayoricense" (J. A. Encinas, 2014, pág. 737, MaV. N.01) se trata el Avenc des Nus (487360 4402960 520 CCM 01 V-II Pifzd) al margen de la inmediata boca innominada Avenc Veïnat, tras mantenerse en su momento ignorada esta otra; separadas apenas una quincena de metros y a pesar de presentar, ambas, espaciosas embocaduras. El hecho supuso en la práctica el seguir buscando por las soleadas cresterías de la tramontana mallorquina el ilocalizado Avenc des Queloies y correspondiente Cova des Queloies, o des Fuits, con la esperanza de encontrarlas algún día. Búsqueda sin éxito durante más de veinte años, pues las notas referenciales publicadas en su momento por A. Ordines et alii (“Els Tosalls Verds...”, 1995) no pudieron ser confirmadas con mejores datos en orden a encontrarlas en el paraje indicado, posibilitar la pertinente concreta visita al escondite o refugio objeto del relato y poder verificar sobre el terreno los justos términos en que se dice se produjeron los acontecimientos relacionados con unos “hermanos Queloies”, supuestos perseguidos de la pasada guerra civil española.

Avenc des Nus, o des Queloies. Foto M. L. Redondo. Avenc Veïnat, Cova des Queloies, o des Fuits. Foto, M. L. Redondo.
Conforme al contenido de lo publicado, serían cuatro individuos los refugiados; de los cuales dos eran hermanos y se cobijaban en sima de seis metros de profundidad, donde disponían de vital agua potable. Una pared artificial de piedraseca caracteriza la entrada a la cueva. Añadiéndose sobre el particular que la boca fue ensanchada a fin de facilitar el acceso. Datos, como se verá más adelante, correspondientes a detalles de una y otra caverna. Mostrando la sima denominada Cova des Queloies (Avenc Veïnat: 487375 44029454 515 CCM 01 V-III Pifzd) fondo preliminar a seis metros de la vertical y resalte con piedras compuestas dando paso a galería con acogedora salita susceptible de servir de refugio de pernoctación. Más hacia dentro encajándose una treinta de metros de longitud a través de la quincena de desnivel total y donde al parecer se intentó retener en el fondo, con pocos cantos, el agua de intermitente goteo estalactítico.
En cuanto a la información referida al Avenc des Nus, en su día catalogado como MaV. Q.03 (J. A. Encinas. CCM, pág. 484, 2014), A. Ordines et alii (obr. cit., 1995) destacan la particularidad de haberse ensanchado la embocadura (sic.) para facilitar su uso. Extremo también argumentado en publicaciones excursionistas de Internet, apuntando a obra de los carboneros que la frecuentarían. Aunque lo realmente constatable en el interior son dos grandes piedras encajadas a propósito en el verticalizado pozo de acceso al agua del fondo con el fin de crear el improvisado rellano que facilitó la instalación de tres tramos de escalera de leños, permitiendo mejor alcanzar el recóndito aguadero. Dicho rellano es resultado de tirar desde arriba alargada piedra que lograron oportunamente atravesar en el sitio requerido, aunque rompiéndose con el impacto. Repetida la operación con otra roca similar, quedó sobre la primera, pero dando como resultado peligroso encaje en precario. No obstante, tal descansillo sirvió hasta hoy a quienes osan adentrarse hasta el fondo para, casi siempre en verano, alcanzar el fresco y cristalino recurso de agua para beber. El mismo en efecto relacionable sobre todo con las necesidades de los antiguos carboneros que operaron en la zona (cercano Avenc de sa Sitja, MaV. S.02, etc.) y menos con las actividades pastoriles sin duda mantenidas en la amplia atocha de delante, pues los parcos restos cerámicos detectados en una y otra cavidad son estilísticamente de épocas casi contemporáneas.

El descenso mediante cuerda cuenta con orificio de anclaje en el umbral de la roca viva de la entrada, pero la habitual medida de la típica ‘corda cabrera’ que antaño solía utilizarse se queda corta, al perderse varios metros en la diagonal del trayecto inicial y no alcanzar para superar la vertical del salto más allá del rellano artificial. El problema pudo motivar el habilitar los tramos de escalera de madera y de los cuales todavía quedan restos dentro. Ciertamente, algo debió pasar aquí, o bien en la embocadura de la sima vecina; porque el documentado nombre antiguo del sitio reporta legendario argumento de gente confinada en el interior, derivado de la necesidad de acceder al “agujero del agua”. Al fin y al cabo primer sentido del étimo Queloies, en su forma de gailotxo(-s). Para Miguel de Cervantes un 'gíleco', el chaleco del moderno castellano: un abrigo... del agua. Árabe argelino yelek, árabe clásico chelec: chamarreta de cautivo; antiguo toledano 'calaucho', cueva, escondite y pozo del agua (según Andolz en F. Corriente, 1999); el sitio del caladero del agua, donde queda retenida en el fondo lagunar. Un gailoicio. Latino calafodium en cuanto “cueva refugio del hoyo”, calabozo, escondrijo subterráneo (J. Corominas, Dic. 1, 583, 1961), prerromano calafoyo / calavoju (fosa) < calaoio, manera de calarse el líquido hasta el hoyo.

En definitiva, una de tantas cuevas atribuidas en islas mediterráneas a la hija de los titanes atlánticos: Calipso. La bella enamorada de Ulises que le da cuatro hijos, o cuanto menos dos según otras versiones de los autores clásicos griegos; infantes o fontanales alegoría de los cuatro ramales del manantial de la caverna ogigiana -la gigantia- y del que, bebiendo el héroe, reposa de su larga y dura odisea. Hasta que Calipso le ofrece concederle eterna inmortalidad, si no se fuga en pos de la libertad para poder llegar finalmente a la patria, su anhelada Ithaca.

Ke(i)lypso como el calypso del griego, con radical indoeuropeo kel- implica cubrir, proteger, ocultar, celar preciado tesoro acuático. El galatxo del catalán quedó finalmente como brazo o canal de un reguero hídrico, mientras el queleta hispano es encierro (cleta, cleda, caloia, calado, etc.) de carácter ganadero. De ahí el khelo- con sentido de dureza, el ker- de cuero y ‘piedra’ y el orden reptil de los Quelonios, la tortuga protegida por blindado caparazón (un chaleco, asturiano tsaléku, vasco txaleco) apoyado sobre cuatro mínimas extremidades. De donde los científicos aislaron la sustancia queratina.

Con el matiz diferencial de rigor, kalupyo-(s) / Queloio-(s) / quelollo-s) / queloypso / queloicio / cali-icio resulta derivación debida a la distancia geográfica entre las diversas zonas de implantación lingüística, a lo largo del tiempo; prevaleciendo en el sur el radical ker-, en el norte kel- y aún más arriba el ghel- indoeuropeo de hielo, granizo (chalaza en latín tardío), etc.

Resta en la cuestión del relato sobre este par de simas otro aspecto referido a la homérica odisea de Ulises. Es la propia mitológica visita-anunciación de Mercurio, el mensajero de los dioses del Olimpo griego, para indicar a Calipso que a su pesar debe permitir que Ulises se vaya. Mandato del divino Júpiter, dios de la luz, padre del conocimiento.

El mito de Mercurio, versión del Melkarth fenicio, le asigna la potestad de velar por el mercado, la agricultura, la ganadería y ejercer determinadas funciones de Hermes, simbolizadas en su fálico palo serpentino y la lira formada con el caparazón de una tortuga. En la cultura medieval culto sincretizado en torno de San Miguel, arcángel protector de los rebaños, la prole, las aguas y los cementerios. En este contexto, el hipocorístico acopocado (mi)-quelet-e resultaría indisoluble del plural Queloies en cuestión; en el bien entendido que miquel-eta describe desmenuzado canchal del cantizal pétreo de un monte. Sobre el mismo solían alzarse antiguos santuarios dedicados al santo, o a su predecesor Melkarth. En la cultura céltica hispana, entidad relacionable con Lug, el dios del aguadero de cada lugar. Agua necesariamente de lluvia, pluvial, celestial, lagunera.

De las informaciones disponibles se desprende haberse formado la leyenda de los refugiados en las simas del sitio, hacia las postrimerías del siglo XVIII, en base a los presupuestos intelectuales del romanticismo; o bien tramada popularmente avanzado mediados el XIX. Detectándose sin embargo unos componentes etimológicos de uso pastoril o, mejor, carboneril. En efecto, el oficio de carbonero se organizaba entonces en células más o menos secretas (V. De la Fuente, 1870:"Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas de España. Los carboneros en España, 1822, 1870". Pág. 327 y ss. Impr. Solo Freire, Editor. Library Univ. of Californyá Davis) procurando defender los intereses corporativos. La organización clandestina de La Carbonería  seguía recursos de remotas tradiciones, transmisiones orales, ritos y señales (recursos pictóricos, determinados grabados rupestre y demás elementos identitarios) que perduraron hasta hace apenas unas pocas décadas; en paralelo a las extendidas logias fracmasónicas derivadas de antiguas prácticas gremiales de constructores, como tantas otras estructuras sociales de socorro mutuo.

Ahora bien, ninguna relación parece existir entre el nombre contemporáneo de Nus (nudo, latín nōdu) que se le asignó a la sima y el Queloies paredro de Calipso. Lo poco que en las tradiciones populares mallorquinas ha sido rastreado al respecto es aquello de “Tantos nudos hagas en la cuerda, tantas verrugas te saldrán en el cuerpo”. Encantamiento recordatorio del orzuelo (catalán uçol / urçol), el grano en el ojo; transmisible a quien inadvertidamente derrumbe el montón de piedras que puede curar a quien para ello hizo el hito (fita) en el camino. Especie de nudo (eslovaco uzol) de comunicaciones, en el presente caso encomendable a la lucidez de Alejandro Magno y quien con pasmosa eficacia se enfrentó al nudo gordiano cortándolo de un tajo con su espada, ya que tanto monta deshacer como cortar para resolver.

En el ajuste de catalogación del Avenc des Nus se trata así el alcance de la leyenda objeto del nombre de esta gruta y la vecina, correspondientes a los Queloies, o Fuits*. Supuestos fugitivos considerados vencidos de olvidadas contiendas. Comparativamente, es el el lugar común de los inefables “moros”, tan prolíficos imaginados hacedores de talaiots, cuevas, relatos y otros monumentos del remoto pasado en Mallorca. Son “los otros”, los derrotados, los marginados, la irredenta baja plebe condenada a transitar como fantasmas sospechosos de enturbiar las flameantes históricas adquisiciones conquistadas por los poderosos.

Para bajar al interior de la discreta galería del Avenc Veïnat (latín vicīnus, de vicus, vic, vecindario, asentamiento en el pico) se utilizó tramo de escalera de seis o siete metros de largura y nada en el interior facilita averiguar el tiempo en que sería frecuentada por los supuestos fugitivos. La salita vestibular pudo servir de lugar de pernocta a pocas personas, en incómodas húmedas condiciones hipogeas en invierno; aunque abrigadas de las inclemencias metereológicas de fuera. Dentro aprovechando temperatura mucho más benigna, gracias a la grata térmica interna. En verano contrariamente sirviendo de fresco alojadero de noche. A lo largo  de acreditado recorrido interno de 55 metros, imponiendo dos cortos descuelgues relativamente en aéreo y siendo el desnivel total del orden de la quincena, hoy mediante cuerdas. Los usuarios del abrigo, escondite o refugio, desistieron de utilizar el goteo de agua existente en el fondo de la galería, debido a la angostura del paso que obliga a gatear por el arcilloso suelo mojado y es posible que los refugiados solamente utilizaran este albergue en caso de contados días de tormenta, cuando la lluvia entraba en el expuesto rellano vestibular del Avenc des Nus (N.01), donde las evidencias de intensas humaredas en el techo testifican sobre el hecho de haberse prendido ahí frecuentes hogueras.

Ambos subterráneos discurren en paralelo a sendas fracturas rocosas del cantil donde se abren. El lapiaz de encima capta las escorrentías pluviales que calan hacia el fondo de una y otra caverna y donde tienden a quedar retenidas. Recurso hídrico que representa el verdadero protagonista del componente legendario y su aislada confinación entre resquebrajadas peñas.

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* Fuits, catalán fugir, indoeuropeo bheug-, latín, fugiō, castellano ‘huido’; ‘ido’ en cuanto aserción indisociable de tener los sentidos disminuidos. Huir impulsado por el miedo (lituano búgstu) y de donde ‘refugio’. 

                                                                                                                                   Pollença, día 27 marzo del año 2018

jaencinas.ccmallorca@gmail.com